Subidos a un coche, dirección sur por una carreterilla que serpenteaba entre cultivos, cuando el sol ya se tendía para cegarnos con cada curva o cambio de rasante, una chica me preguntó si me consideraba un buen compañero de viaje; yo contesté un poco a la ligera y le dije que sí, que me reía cuando me tenía que reír, que me emborrachaba cuando me tenía que emborrachar y que filosofaba cuando tenía que filosofar; en definitiva, que estaba abierto a cualquiera de las búsquedas que un viaje pudiera tener para mis compañeros. Inmediatamente se me vino a la cabeza un personaje que aparece en el llamado “On the road” de Jack Kerouac, creo que su nombre era Ed Dunkel y aparecía como un tipo que se iba embarcando en aventuras de carretera sin motivo aparente, sólo por seguir la hiperactividad de Dean Moriarty (quien quiera saber más que se lea el libro). Me pregunté si aquello que acababa de decir me describía como un tipo pusilánime y falto de auténtico interés, disperso entre las miles de iniciativas que se le plantean, concluí que mi respuesta había sido tan solo una verdad a medias. No puedo negar que el viaje me abruma, cualquier trayecto sobrecarga tanto mi cabeza con impresiones, que en cierto modo me acaba superando y extenuando hasta volverme un hombre dócil para el que cualquier cosa que llegue supone un aliño más. Sin embargo, esta explicación, más allá de dejarme por los suelos, no explica por qué disfruto tanto en el camino.
Los dos seguimos hablando animadamente, pero yo estaba un poco en todos aquellos sitios a los que he llegado y de los que he vuelto, recordé algunos de esos lugares que en algún momento dejé con desgana por no haber llevado la cámara o no haberme sentado un rato a dibujar, pensé que en realidad no me importaba, que si tenía algo que desear era el poder pasearlos una y otra vez, simplemente mirando. Viajar es para mí ante todo una actividad reflexiva, supone una asimilación constante de detalles que me gusta disfrutar en silencio, sin molestar, pero también sin que me molesten, y quizá por ello ahora pienso que afirmé demasiado rápido para responder a aquella chica, puede que no sea un buen compañero de viaje porque para mí va viajar va por dentro y solo de vez en cuando sale a la luz.
Sin embargo, creo que las mejores historias siempre suceden en un coche y camino hacia algún sitio, cuando a alguien cercano se le escapa una pregunta que te hace alcanzar algún punto de tu interior, aunque tras eso no llegues nunca a un destino y de alguna forma siempre acabes volviendo al punto inicial.






